Lo que define a Cañamero es su
diversidad, su abundancia de especies y el gran número de componentes
de cada una de ellas. Esta diversidad viene dada sobre todas las cosas
por la labor de las fuerzas de la tierra, que en millones de años
han configurado un paisaje en el que alternan sierras y valles que se abren
en extensas semillanuras. Y en medio de todo ello" las mesas de la raña"
se extienden llanas a media altura, sin salientes, como escalón
que facilita el acceso desde la Extremadura baja a la alta, limítrofe
con la meseta.
La sierra
domina la mayor parte del espacio pero ella es, a su vez, diversa y variada.
Se levanta desde elevaciones suaves a las que se agarran el olivo, cerezo
o castaño para irse empinando, cubierta de pino, roble y alcornoque
donde la tierra es abundante. Donde el suelo es escaso la jara y el brezo
dominan, y más arriba aún, arraclanes y enebros se
disputan las grietas del roquedo cuarcítico para hundir sus raíces
y sujetarse de los fuertes vientos que podrían arrancarlos. La cuarcita
corona todas las alturas, se trata de una roca dura, con múltiples
fracturas que ha llegado a formar extensas pedreras típicas de la
zona
Los Valles
son numerosos, tallados por corrientes más o menos importantes.
Destaca entre ellos el del Ruecas, río que nace en las proximidades
de Cañamero, en las mismas Villuercas, y que baja cristalino repartiendo
vida en sus orillas. En el lecho alternan las cuarcitas rodadas con pizarras
suaves y unas y otras guardan el tesoro milenario de fósiles
como crucianas y trilobites que encierran secretos milenarios como
notarios de la historia geológica de esta tierra.
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Las rañas,
extrañas formaciones llanas entre sierras, se encuentran a gran
altura y son producto del arrastre de materiales desde los picos más
altos formando depósitos de kilómetros cuadrados y perfil
tan recto, que visto desde las alturas en días brumosos nos permiten
la ilusión de estar cerca de un mar, recuerdo del que alguna
vez debió cubrir estas tierras.