| La flora de cañamero es uno de sus mejores valores.
Sustentada por el suelo y el paisaje y sustentadora, a su vez, de la fauna
y el hombre.
Hay que distinguir entre la flora silvestre y la introducida y mantenida por la mano humana. En cuanto a la primera, digamos que la mayor parte del territorio está cubierto de bosque. En unos casos homogéneo con grandes masas de un único árbol, como el pino de repoblación que se ha ido extendiendo, adaptado al suelo, de forma natural, que retrocede por la acción de los fuegos estivales y vuelve a extenderse por la germinación espontánea de los piñones que resisten a las llamas o son transportados por el viento, el agua y los animales. Las especies predominantes son el pino resinero y el piñonero. |
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El alcornoque también forma
grandes masas de bosque, retorcido y fantasmal, en los que el sol se adentra
desde lo alto jugando con luces y sombras y con las distintas caras de
los enormes troncos unas veces cubiertos de corcho viejo y otras despojado
de él en beneficio de una industria en alza que valora cada vez
más un producto natural con múltiples aplicaciones.
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| Estas sierras guardan algunos de los mejores robledales
de Extremadura. Aclarados para permitir el ramoneo de la cabra y
el aprovechamiento de sus bellotas, o espesos e impenetrables , con
troncos finos que buscan el cielo en competencia con el vecino al que rozan.
Solo el jabalí traza senderos en su interior que serán seguidos
por los carnívoros en sus expediciones de caza.
De la misma familia es el quejigo, de hoja más pequeña y semiperenne que se mezcla con el anterior de forma aislada o formando bosquetes. |
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El castaño, que debió ser introducido en épocas históricas, se aclimató perfectamente y se asilvestró formando bosque naturales. En ocasiones, injertado en variedades de mesa, cubre extensas zonas cultivadas contribuyendo de forma importante a la economía agrícola de la localidad.
Las zonas mas llanas están ocupadas
por la encina, en grandes fincas adehesadas, que soportan la mayor parte
de la cabaña ganadera del lugar.
El fondo de los valles, allí
donde circula alguna corriente, está poblado por alisos que forman
bosques de galería de algunos metros de ancho pero de muchos kilómetros
de longitud. Son auténticos túneles verdes, impenetrables
para la luz del sol hasta la llegada del otoño. Las raíces
se hunden directamente en el agua y sus ramas son la atalaya perfecta para
el martín pescador que otea las aguas cristalinas para descubrir
a su presa.
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Pero el ojo no acabará nunca
de descubrir otras especies. Mezcladas con el sotobosque de madroñas,
jaras, lentiscos, retamas, brezos... que alfombra toda la superficie podremos
ir contando las especies relictas, aquellas que alguna vez, cuando las
condiciones climáticas fueron otras también se agruparon
en bosque y que hoy luchan aisladas o en pequeños grupos allí
donde calor y humedad se parecen aún a sus condiciones primitivas.
El loro se mezcla con el aliso junto a las corrientes, el acebo se hunde
en la umbría protegiéndose del sol igual que el mostajo y
el arce de montpelier, ignorados por muchos visitantes del lugar
que desconocen el valor de tanto patrimonio natural.
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| Por debajo de estas especies, cada estación y cada habitat, nos sorprenderá con sus detalles; entre todos destacan los de la primavera con sus testuras y colores: orquídeas y PEONÍAS son lo más espectacular y merecerán nuestra atención. |
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