Protegida por
lo inaccesible de gran parte del territorio y defendida por la espesura
del matorral y el bosque, la fauna es otro de los valores impagables de
esta tierra. Si diverso es el paisaje y diversa la flora, la fauna tiene
que ser necesariamente diversa.
Junto a los más modestos representantes
vamos a encontrar especies de gran interés, ya sea por su valor
cinegético o su valor ecológico. Entre los primeros hay que
citar al omnipresente jabalí, habitante de cada valle y cada sierra,
son memorables las monterías que en el coto social o los cotos privados
hacen las delicias de los monteros locales y de otros venidos
de todos los puntos del país. El jabalí es visitante nocturno
de parcelas linderas con el bosque y su audacia y su hambre le llevan a
invadir territorios lejanos cultivados por el hombre, que le acecha en
aguardos nocturnos para evitar el daño.
El venado prefiere el bosque abierto. Aunque cualquier época del
año es propicia para el avistamiento, será en el principio
del otoño cuando los machos reclaman a las hembras con el fin de
reunir el harén más numeroso posible. En esas fechas
oiremos su potente bramido al atardecer y podremos observar las peleas
de los machos rodeados por decenas de hembras dispuestas a dejarse
cortejar por el vencedor. Además de en montería, como el
jabalí, los mejores venados son abatidos en rececho, resultando
una de las especies más rentables económicamente para los
gestores de caza.
El corzo es nuestro cérvido
más pequeño y posiblemente uno de los animales salvajes que
mejores
momento puede depararnos en los paseos por la sierra. Su situación
en plena expansión y su carácter hacen que sea relativamente
fácil observarle en el claro del bosque. Si se percata de nuestra
presencia huirá a grandes saltos al tiempo que emite una especie
de ladrido que se va perdiendo según se aleja.
Las orillas de los ríos nos
enseñan las huellas y señales de la nutria fantasmal que
nuestro ojo difícilmente verá. Ese espectáculo queda
para el martín pescador que acecha sobre las aguas cristalinas y
para otros cientos de PAJAROS que
ponen fondo musical a nuestras excursiones. Sobre todas las voces podremos
distinguir a principios de primavera la del águila real en
sus vuelos nupciales en las proximidades de la pared cuarcítica
donde cuelga su nido; al levantar la vista para verla no es extraño
descubrir a sus vecinos de nido y vuelo: buitres leonados y negros que
giran buscando la térmica que les eleve o el raro alimoche que
andará cerca para no perderse el festín que todos esperan.
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